TAG | “no entrar”

Jul/12

30

Padrina, quan vendran els pallassos?

Cada dia, abans de començar la nostra actuació a Son Espases, feim una reunió prèvia amb el personal d’infermeria per tal de conèixer l’estat dels pacients i comentar un poc l’ambient que es respira aquell dia a l’hospital. Una infermera comenta que no sap si troba oportú que visitem a un nin en concret, pel fet de que està en estat terminal. La qüestió és que li diem que ja ho demanarem, si ens volen o no. Passam pel passadís i no fa falta demanar res, perquè estan amb la porta oberta i, segons ens diuen els padrins, l’infant ens espera ansiós des del dia anterior, demanant constantment “quan vendran els pallassos?”. És un infant que ja coneixem de fa estona i ho passa genial tota l’actuació, participa, riu, juga. Hi dedicam molta estona. És el primer infant de la jornada. És un regal, no només per a nosaltres, també per a ell i pels padrins. Ningú coneix el misteri de la mort ni quan és l’hora, però és un gran acomiadament poder permetre el joc i la rialla, com si engronsessin les llàgrimes i la gran pena que no es mostra, sinó que queda amagada a les profunditats de cada qual. És en aquests entre d’altres casos que sap greu tallar la continuïtat de programació sense mantenir uns serveis mínims durant l’estiu.

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Sep/10

6

Una solicitud de “no entrar”

Hospital de Son Dureta. Antonio está en la habitación con su madre. Nos asomamos por la ventanita que está en la puerta de la habitación. Él está con el ordenador portátil y su madre al vernos nos dice con un gesto que no entremos, al mismo tiempo que lo ratifica con su hijo. Este levanta la vista de la pantalla y nos mira. Desde la ventanita, le pido que por favor nos deje pasar. Mi compañero me aparta de mi posición y se lo pide él directamente. Entonces yo me asomo por la puerta y le pido al niño que me deje entrar a mi sólo. Mi compañero hace lo mismo, me aparta y le pide que le deje entrar sólo a él. Empujones para apartarnos y al final el que consigue el permiso para entrar es mi compañero. Yo lo más que consigo es meter un brazo, intentando atraparle. Que tampoco lo consigo y me cierran la puerta en las narices.

Dado que algunas habitaciones de Son Dureta tiene una puerta en el lateral que comunica dos habitaciones, mi compañero previene que yo no pueda entrar por ahí. ¡Lástima! Así y todo lo intento desde el cuartito de material de enfermería, pero sin éxito. ¡Vaya! Vencido y derrotado me asomo por la ventanita y les muestro al niño, a su madre y a mi compañero, como rompo la mascarilla que llevaba puesta, ya que se necesitaba aislamiento para entrar, seguidamente abro un poco la puerta y se la arrojo dentro de la habitación.

Respetando la solicitud de “no entrar” la convertimos en un juego entre mi compañero y yo, consiguiendo que nuestro público pase un rato agradable y divertido. Antonio y su mamá, que no pierden detalle, parecen estar pensando “vaya tíos más chiflados”. Han flipado, se han divertido… y nosotros también.

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