CAT | Son Dureta

Abr/13

3

El flautista de Son Dureta

A Urgències coincidim amb una infermera, Maria Estelrich, del Pac de Felanitx que es allí degut a un accident de tràfic.
M’atura i en un apart em comenta que ens va conèixer fa quinze anys al hospital Son Dureta a causa de la hospitalització de la seva filla. Aquesta té en la actualitat 21 anys i ara és a Barcelona cursant estudis superiors de flauta travessera. La sensació que em transmet amb alegria es que aquella horabaixa de fa quinze anys a Son Dureta va ser el germen d’aquesta incipient carrera musical. Això em dona molta energia positiva per seguir la jornada repartint alegria, música i rialles… I, es clar!, per seguir esforçant-me en treure el millor de mi com a flautista.

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Dic/10

3

¡A per totes! No hi ha res impossible.


Avui toca actuar en la secció de prequirófan de Son Dureta. Atendre als nens des del moment en què deixen als seus pares per entrar a la zona de prequirófano, fins que entren en el quiròfan pròpiament dit. Són moments complicats, ja que solen estar nerviosos i una mica espantats.

Aquest dia un nin entra plorant molt. És el primer nin del matí. Un d’aquests que es poden classificar d’inconsolables. I pens “Uf! Com començam el dia!”. Té claríssim que vol tornar amb la mare, només mira la porta i crida desconsolablement i a crit pelat “¡Mamààà!” i nosaltres allà enmig, al davant, com ombres desfigurades entorpint son desig, i afegint més renou a aquell intens moment, en una interior lluita dicotòmica entre perseverar o desistir.

Però, per sota d’aquell pensament derrotista inicial que ens diu “aquí no hi ha res a fer”, del no res, del fons del coret que hi ha darrera tot/a pallasso/a, de sobte, rebrotà una altra emoció, un altre sentiment que deia “¡Ei! ¡A per totes! no hi ha res impossible i, de fet, si no ho provam, segur que no aconseguim res”. Aleshores, des d’un punt similar a la buidor absoluta (tan proper a la plenitud absoluta) emergí un punt de joc que delicadament deia “¡Ei. Que som aquí i volem jugar amb tu!” i amb unes senzilles titelletes de dit de Bob Esponja, d’un granot, Spiderman, una bóta, bimbolles,… Ja era igual què sortís d’aquella bossa, donat que els objectes que sortien, ho feien ensems amb un entusiasme profund de joc i empatia. Per tant es produí la connexió amb l’infant. Això va crear un canvi substancial de la situació, no només del nin, sinó també ambiental. Després de deturar el plany i centrar l’atenció en les nostres absurdes filigranes, començà a riure i fins i tot participar del joc. És possible que el personal seguís amb la seva rutina amb millor eficiència degut a aquell canvi. Bona feina. Un plaer.

Sep/10

29

Cambiando un “No” por un “Si”

Hoy me toca trabajar en prequirófano, del Hospital de Son Dureta. La jornada de trabajo empieza a las 8 h. de la mañana, así que toca madrugar. Uno de los niños para los que actuamos hoy es Juan Pedro, un niño de 11 años, que llega a la sala de prequirófano bastante asustado. Nos ve de lejos y avisa a las enfermeras de que “No me gustan los payasos”. Emocionalmente parece muy cerrado y negativo. Rápidamente, mi compañero y yo, no ponemos a pensar en cómo podemos hacer para que Juan Pedro pueda soltar un poco el estress que parece tenerlo atenazado.

En lugar de intentar cambiar el “No” por un “Si” y que acepte nuestro juegos, se nos ocurre otra estrategia. Hacemos que el niño deje fluir su estado emocional dándole la oportunidad de que diga “No” tantas veces como quiera. Parece que es lo que más desea, decir “No” a todo lo que le está pasando. Así que empezamos a jugar, preguntándole;
- “¿Nos podemos quedar aquí Juan Pedro?”, señalando un lugar a unos 5 mts. de su cama
- “¡No!”, responde Juan Pedro.

Nos movemos un paso hacia la derecha;
- “¿Y aquí, estamos bien ahora?
- “No” repite el niño con todas sus ganas.

Ahora un paso hacia la izquierda;
- “¿Y aquí, estamos mejor aquí?
- “No” repite una y otra vez.

Al cuarto o quinto “No” el tono de voz y la emoción empiezan a cambiar. Ese “No” rotundo lleno de rabia e impotencia empieza a cambiar hacia un tono más ligero y aliviado. Nosotros hacemos gala de nuestra más absoluta “estupidez” al repetir una y otra vez la misma pregunta. El niño va entrando en el juego, incluso está empezando a sonreir, decir “No” se está conviertiendo en un juego para él. Se olvida durante un rato de donde está y qué hace ahí. Eso le permite afrontar su intervención de manera mucho más relajada. En el momento en que viene la enfermera para llevarlo al quirófano, Juan Pedro ha gastado todos sus “No” con los payasos, ahora ya sólo le quedan “Si” para las enfermeras y se va hacia quirófano mucho más tranquilo de lo que ha llegado.

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Sep/10

6

Un diagnóstico complicado.

Hoy me encuentro con un caso de los que podríamos llamar “complicados”. Miguel, un niño de 6 años, al cual le acaban de detectar un tumor cerebral. Al hacernos el traspaso de información por parte del personal sanitario nos comentan que, debido a su diagnóstico, puede que esté teniendo alucinaciones. Una situación que afrontamos con un profundo respeto y en la cual tendremos que desplegar nuestra mayor sensibilidad para ver qué podemos ofrecer.

Nos acercamos a su habitación muy vigilantes para intentar captar, lo antes posible, en qué estado emocional se encuentra el niño y qué ambiente se respira en la habitación. Entramos muy tranquilamente, aunque ya desde el principio Miguel nos rechaza. Sentimos que mejor no insistir de ninguna manera pero, ya que estamos dentro de la habitación, aprovechamos para hacer unas burbujas y jugar un poco con su primo que ha venido a visitarle, desplazando así todo el centro de atención lejos de Miguel. Su primo, ajeno a la gravedad de la situación, se divierte con las burbujas. Poco a poco y mirando por el rabillo del ojo, vemos que Miguel nos va prestando más atención, así que seguimos con las burbujas un rato más. Gracias a ello y a su primo conseguimos distraer a Miguel durante un rato. Cuando estamos saliendo de la habitación, con un pequeño esfuerzo por su parte, Miguel nos dedica un “Sois los mejores”. ¡Uauuu!

¡Gracias Miguel! Un gran regalo que nos llevamos en nuestro corazón.

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Sep/10

6

Una solicitud de “no entrar”

Hospital de Son Dureta. Antonio está en la habitación con su madre. Nos asomamos por la ventanita que está en la puerta de la habitación. Él está con el ordenador portátil y su madre al vernos nos dice con un gesto que no entremos, al mismo tiempo que lo ratifica con su hijo. Este levanta la vista de la pantalla y nos mira. Desde la ventanita, le pido que por favor nos deje pasar. Mi compañero me aparta de mi posición y se lo pide él directamente. Entonces yo me asomo por la puerta y le pido al niño que me deje entrar a mi sólo. Mi compañero hace lo mismo, me aparta y le pide que le deje entrar sólo a él. Empujones para apartarnos y al final el que consigue el permiso para entrar es mi compañero. Yo lo más que consigo es meter un brazo, intentando atraparle. Que tampoco lo consigo y me cierran la puerta en las narices.

Dado que algunas habitaciones de Son Dureta tiene una puerta en el lateral que comunica dos habitaciones, mi compañero previene que yo no pueda entrar por ahí. ¡Lástima! Así y todo lo intento desde el cuartito de material de enfermería, pero sin éxito. ¡Vaya! Vencido y derrotado me asomo por la ventanita y les muestro al niño, a su madre y a mi compañero, como rompo la mascarilla que llevaba puesta, ya que se necesitaba aislamiento para entrar, seguidamente abro un poco la puerta y se la arrojo dentro de la habitación.

Respetando la solicitud de “no entrar” la convertimos en un juego entre mi compañero y yo, consiguiendo que nuestro público pase un rato agradable y divertido. Antonio y su mamá, que no pierden detalle, parecen estar pensando “vaya tíos más chiflados”. Han flipado, se han divertido… y nosotros también.

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Sep/10

6

El látex de las narices

Hoy actuamos en prequirófano, en el hospital de Son Dureta. Nos encontramos con un niño, Alberto, de 9 años, al que operan de los ojos. Nos informan que Alberto tiene alergia al látex, así que nos vemos obligados a actuar a cierta distancia. Además de nuestras narices de látex llevamos con nosotros otros juguetes y artilugios que podrían ser “sospechosos”. Alberto tiene muchas ganas de jugar con nosotros aunque, al mismo tiempo, está un poco enfadado por todo el tema de la operación. Trae con él un erizo grandote. Con el fin de ganarnos su confianza y no centrar toda la atención en el niño, decidimos convertir el erizo en el protagonista de nuestros juegos.

Aprovechamos la circunstancia de que no podemos acercarnos mucho para jugar a que tenemos un miedo terrible a que el erizo nos salte encima. Alberto entra en el juego y cuando el animal se mueve y hace tonterías nos asustamos y le reñimos desde la distancia. El niño disfruta y aprovecha para reñir también al bicho, de esta forma, además, le sirve para ir descargando parte del estrés generado por su intervención. Funciona muy bien, ya que Alberto, que parece muy controlador, gracias a nuestro juego con el erizo, se olvida del entorno, de la operación, de los médicos, las enfermeras y del látex de las narices… nunca mejor dicho.

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