Sep/10

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El látex de las narices

Hoy actuamos en prequirófano, en el hospital de Son Dureta. Nos encontramos con un niño, Alberto, de 9 años, al que operan de los ojos. Nos informan que Alberto tiene alergia al látex, así que nos vemos obligados a actuar a cierta distancia. Además de nuestras narices de látex llevamos con nosotros otros juguetes y artilugios que podrían ser “sospechosos”. Alberto tiene muchas ganas de jugar con nosotros aunque, al mismo tiempo, está un poco enfadado por todo el tema de la operación. Trae con él un erizo grandote. Con el fin de ganarnos su confianza y no centrar toda la atención en el niño, decidimos convertir el erizo en el protagonista de nuestros juegos.

Aprovechamos la circunstancia de que no podemos acercarnos mucho para jugar a que tenemos un miedo terrible a que el erizo nos salte encima. Alberto entra en el juego y cuando el animal se mueve y hace tonterías nos asustamos y le reñimos desde la distancia. El niño disfruta y aprovecha para reñir también al bicho, de esta forma, además, le sirve para ir descargando parte del estrés generado por su intervención. Funciona muy bien, ya que Alberto, que parece muy controlador, gracias a nuestro juego con el erizo, se olvida del entorno, de la operación, de los médicos, las enfermeras y del látex de las narices… nunca mejor dicho.

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